El futuro inmediato de Trinity Rodman, delantera estrella del Washington Spirit y de la selección estadounidense, ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión clave para el fútbol femenino en Estados Unidos: ¿puede la NWSL retener a sus grandes figuras ante el creciente atractivo de las ligas europeas?

En los últimos años, nombres como Emily Fox (Arsenal), Naomi Girma y Alyssa Thompson (Chelsea) han cruzado el Atlántico tras conquistar el oro olímpico en París. Si Rodman decide seguir sus pasos, sería la sexta titular de aquella final que opta por Europa, intensificando la preocupación en la liga estadounidense.
La respuesta de la NWSL ha sido la High Impact Player Rule (HIP Rule), conocida popularmente como «Rodman rule». Esta norma permite a los clubes destinar un millón de dólares extra fuera del tope salarial para retener a jugadoras con impacto internacional, basándose en criterios como minutos con la selección o presencia en rankings globales. Sin embargo, el sindicato de futbolistas (NWSLPA) ya ha impugnado la medida por considerar que vulnera el convenio colectivo y aboga por elevar directamente el límite salarial.

Más allá del aspecto económico, muchas jugadoras buscan nuevos retos deportivos y experiencias internacionales. La Champions League europea es un imán para quienes desean crecer enfrentándose a estilos diversos y contextos competitivos distintos. Emma Hayes, seleccionadora nacional, subraya que esta experiencia es clave para preparar al equipo de cara al Mundial 2027.
Pese a los temores sobre una posible fuga de talento, algunas referentes como Lindsey Heaps o Catarina Macario han regresado a la NWSL tras su paso por Europa. Además, Mallory Swanson y Sophia Wilson —compañeras de Rodman en el tridente ofensivo olímpico— volverán a competir en 2026, reforzando el atractivo local.
La liga estadounidense afronta así un dilema estructural: cómo equilibrar la proyección internacional de sus estrellas con la necesidad de mantener una competición fuerte y atractiva. El desenlace del caso Rodman será clave para entender hacia dónde se dirige el fútbol femenino profesional en Estados Unidos.
Fuente: The Guardian.













