El marcador no tuvo épica, pero el partido sí: Chelsea se metió en la final de la Subway Women’s League Cup tras asaltar el Joie Stadium con un 0-1 de esos que pesan como una piedra. La diferencia fue un detalle a balón parado —y una portera en modo muro— en una noche helada donde Manchester City hizo casi todo menos marcar.
El guion se escribió a tirones. City arrancó con más control y más filo: Bunny Shaw olió el gol en una acción suelta (bloque providencial en el área) y, a partir de ahí, el equipo de Andrée Jeglertz empezó a apretar con Hasegawa y Greenwood mandando desde la base y Hemp estirando el costado. Pero Chelsea no se desordenó: aceptó vivir sin la pelota, protegió carriles interiores y esperó su momento.
Llegó en el 41’. Centro colgado de Sandy Baltimore y cabezazo de Wieke Kaptein entrando por delante de su marca: 0-1 y silencio en la grada. El descanso no enfrió la reacción local: Miedema y Casparij se toparon con los palos y la insistencia acumuló ocasiones. Ahí apareció Hannah Hampton, clave en varias paradas para sostener un pase a la final que, por sensaciones, se ganó con oficio… y con nervio.













