La noche se le torció pronto a Christiane Endler. En el cruce de octavos de la Copa de Francia ante el Olympique de Marsella, la portera chilena salió a cortar un balón lejos del área y el choque fue seco, de esos que se escuchan incluso por encima del murmullo de la grada. A los 18 minutos ya no podía seguir: la ceja/contorno del ojo izquierdo se abrió y pidió el cambio con la serenidad de quien entiende el oficio, pero también con la cara de quien sabe que duele.
Sortie à la 18e minute de la Coupe de France contre l'OM, la gardienne de Lyon Christiane Endler a pris un coup de genou au niveau de l'arcade. Elle reçu plusieurs points de suture. Son indisponibilité n'est pas connue. #ArkemaPremiereLigue #OL #TEAMOL #INFOOL #LESLYONNES pic.twitter.com/wGM5ggZeif
— Adrien Pittore (@adrien_pittore) January 24, 2026
La imagen, después, la puso ella misma: puntos de sutura y un mensaje tranquilizador en redes —“estamos bien”— como quien baja el volumen al susto para que no se convierta en alarma. A Endler, que ha hecho carrera en la frontera entre la lectura del juego y la valentía, este tipo de acciones le dan sentido… y a veces también cicatriz.

El OL Lyonnes resolvió el partido con una goleada (5-1), pero la escena deja una pregunta inmediata: cómo se gestiona la portería cuando tu número uno se lleva un impacto así en pleno tramo decisivo. En un equipo que vive instalado en la exigencia, la calma no es negar el golpe: es sostener la estructura para que la próxima salida —la próxima decisión— no se juegue con miedo.













