El Emirates vivió uno de esos partidos que empiezan como una declaración de intenciones. Arsenal salió a morder, a cazar segundas jugadas y a discutirle el guion a un Manchester City que llegaba con trece victorias seguidas en la Barclays Women’s Super League y la sensación de estar jugando en piloto automático. Durante muchos minutos, a las de Andrée Jeglertz se les hizo extraño: menos control, menos pases limpios hacia Yui Hasegawa, menos conexiones con la triple amenaza de Khadija “Bunny” Shaw, Lauren Hemp y Kerolin.
Un gol con acento español
La jugada decisiva llegó pronto (17’), y tuvo sello mediterráneo. Mariona Caldentey filtró un pase quirúrgico a la espalda de la zaga, y Olivia Smith —esta vez como ‘9’ por la ausencia de Stina Blackstenius— atacó el espacio con esa mezcla de zancada y frialdad que desordena defensas: regateó a Ayaka Yamashita y empujó a portería vacía. Fue un gol tan simple en el dibujo como complejo de sostener emocionalmente para un City acostumbrado a ir por delante.
A partir de ahí, Arsenal eligió bien su veneno: presión alta por tramos, repliegue con orden cuando tocaba, y mucha disciplina para no abrir carriles interiores. Kim Little fue metrónoma y escudo; atrás, el bloque se compactó para que el City viviera lejos del área. La foto lo resume: las líderes apenas encontraron una ocasión clara en juego abierto y se quedaron con un solo tiro a puerta en todo el partido, domesticado por la vuelta de Daphne van Domselaar.
Resistencia, polémica y cierre
El City apretó más tras el descanso —la entrada de Sam Coffey dio colmillo en el centro—, y el tramo final se jugó con el ruido típico de un 1-0: protestas, carreras hacia atrás y ese miedo a que el balón caiga donde no quieres. Hubo una acción especialmente comentada: Caldentey derribó a Hemp cuando la extrema encaraba el área, y la colegiada Abi Byrne dejó seguir. Y también un susto mayor para las locales: Vivianne Miedema llegó a marcar, pero el tanto fue anulado por falta sobre Katie McCabe. Laia Codina entró en el 89’ para cerrar la persiana y blindar un triunfo que vale más por el mensaje que por la tabla.
Con 39.155 personas en la grada, Arsenal se subió al tercer puesto y, sobre todo, dejó claro que la racha “intratable” del City también tiene grietas cuando le quitas tiempo y espacio.













