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Nueva normativa FIFA: más mujeres en los cuerpos técnicos del fútbol femenino

Nati Gutiérrez entrenadora selección Española sub-16
Foto: RFEF

La FIFA ha aprobado una medida que puede marcar un antes y un después en el fútbol femenino: desde este año, cada equipo que compita en torneos femeninos del organismo deberá contar con una mujer como entrenadora principal y/o asistente, al menos una mujer en el personal médico y un mínimo de dos oficiales mujeres sentadas en el banquillo. La norma arrancará en el Mundial sub-20 femenino de Polonia 2026, seguirá en el Mundial sub-17 y la Copa de Campeones Femenina, y también estará vigente en el Mundial de Brasil 2027.

No es un gesto simbólico. Es una intervención directa sobre uno de los espacios donde más ha costado romper el techo de cristal: el cuerpo técnico. Mientras el fútbol femenino crece en audiencias, inversión y estructura, los puestos de decisión en la banda siguen demasiado ocupados por hombres. En el Mundial femenino de 2023, solo 12 de las 32 selecciones tuvieron una entrenadora al frente.

David Aznar, Mila Martínez y Nati Gutiérrez nuevos formadores de fútbol base de la Selección Española Femenina
Fuente: RFEF

El problema no era falta de talento

Durante años, el discurso fue el mismo: “no hay suficientes mujeres preparadas”. Pero los datos cuentan otra historia. Desde 2021, la FIFA asegura haber apoyado a 795 entrenadoras de 73 federaciones mediante becas de formación. Y en Europa, la UEFA señala que, desde 2016, más de 2.400 mujeres han obtenido una licencia oficial de entrenadora a través de sus programas de desarrollo.

Es decir: talento hay, ganas también, y formación cada vez más. Lo que faltaba era acceso real, confianza institucional y visibilidad en los espacios donde se reparte poder. Por eso esta decisión importa. Porque obliga a las federaciones y a los clubes a dejar de mirar hacia otro lado.

Sara Monforte e Irene Ferreras
Sara Monforte e Irene Ferreras | Liga F

Más mujeres en la banda, más referentes abajo

La lectura más potente de esta medida no está solo en la élite. Está también en lo que puede provocar en el fútbol base.

Cuando una niña ve a una mujer dirigir, corregir, leer el partido, sostener un vestuario o tomar decisiones desde el banquillo, cambia su mapa mental del juego. Ya no imagina que su lugar termina en el césped. Empieza a entender que también puede entrenar, coordinar, preparar, liderar y construir proyecto.

Ahí está la clave comunitaria. Porque el fútbol no solo educa a quienes juegan; también moldea lo que una comunidad considera normal, posible y legítimo. Si el banquillo se feminiza, se abre un nuevo horizonte para escuelas, barrios, clubes populares y proyectos sociales que llevan años empujando esta transformación sin grandes focos.

Una cuota no basta, pero abre la puerta

También conviene decirlo claro: una norma por sí sola no arregla décadas de desigualdad estructural. No garantiza salarios dignos, ni conciliación, ni procesos de contratación transparentes, ni protección frente al machismo cotidiano que tantas técnicas siguen enfrentando.

Pero sí cambia una cosa fundamental: convierte la presencia de mujeres en una exigencia y no en una excepción decorativa. Y eso, en un ecosistema tan conservador como el fútbol, ya es una sacudida política.

La propia Jill Ellis, directora de fútbol de la FIFA, lo resumió con una frase que va al centro del debate: “No hay suficientes mujeres en los cuerpos técnicos hoy en día. Debemos hacer más para acelerar el cambio creando vías más claras, ampliando oportunidades y aumentando la visibilidad de las mujeres en los banquillos”.

Del anuncio al cambio real

La pregunta ahora no es si la medida suena bien. La pregunta es cómo se aplicará, con qué seguimiento y con qué ambición. Porque si esta decisión se queda en el reglamento, será una foto. Pero si se acompaña con formación, contratación y continuidad, puede convertirse en legado.

En un momento en que el fútbol femenino pelea por crecer sin copiar los vicios del modelo masculino, esta norma lanza un mensaje poderoso: el futuro del juego también se decide desde quién manda en la banda.

Ahora toca empujar para que ese futuro no se quede en Zúrich ni en los grandes torneos. Toca llevarlo a los campos de tierra, a las canteras, a los clubes de barrio y a cada escuela donde una niña todavía necesita ver que ese sitio también es suyo.

Sigue, apoya y exige: más mujeres en los cuerpos técnicos no es una tendencia, es una deuda del fútbol.

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