Hay futbolistas que llegan a un club y otras que prácticamente nacen dentro de él. Ane Elexpuru pertenece a ese segundo grupo. La lateral bilbaína, que ya suma 102 partidos oficiales con el primer equipo, contó en su entrevista con Liga F una historia atravesada por bufandas, carnés heredados y domingos de fútbol en casa. Su vínculo con el Athletic Club no se construyó con el tiempo: venía de serie. “Mi sueño era jugar en el Athletic”, resume una frase que en su caso no suena a tópico, sino a memoria familiar.
La trayectoria de Ane también deja una lectura muy bonita sobre cómo se forma una futbolista. Empezó jugando con chicos en el patio del colegio y en el Loiola Indautxu, pasó después por el Bizkerre y terminó entrando en Lezama, donde fue quemando etapas hasta hacerse un sitio en la élite. En lo táctico, su recorrido también cambió: de posiciones más ofensivas a un perfil de lateral y carrilera que hoy le encaja de lleno. No es un detalle menor. Esa transformación explica parte de su juego: una futbolista con recorrido, energía para ida y vuelta y una relación natural con toda la banda.

Su historia no se queda solo en el escudo. También habla de crecimiento competitivo y personal. Campeona de Europa sub-19 y del Mundo sub-20 con España en 2022, Elexpuru compagina el fútbol con sus estudios de Educación Primaria y defiende con claridad la importancia de formarse más allá del césped. Ahí aparece otra capa interesante de su discurso: la de una jugadora joven que ya entiende que también representa a quienes vienen detrás. Que hoy las niñas puedan coleccionar cromos de futbolistas o mirar al femenino con naturalidad forma parte de un cambio que ella misma está ayudando a empujar.
Y luego está la imagen que lo resume todo. Ane Elexpuru, bilbaína, leona desde la cuna, preparada para volver a jugar en San Mamés, el estadio que ya habitaba incluso antes de nacer. Hay futbolistas que persiguen un destino; otras, como ella, acaban confirmando que llevaban años caminando hacia casa.












