El España-Inglaterra superó los 4,2 millones de espectadores por televisión y convirtió la goleada de la selección en Son Moix en algo más que una noche de impacto deportivo. El 4-0 del equipo de Sonia Bermúdez ante una rival directa por el billete al Mundial 2027 también dejó una señal de alcance: la audiencia acompañó una cita que ya funcionaba como partido grande del fútbol femenino internacional.
El dato confirma que la selección española mantiene una capacidad de convocatoria televisiva muy alta cuando el partido reúne contexto competitivo, rivalidad reconocible y consecuencia inmediata. España necesitaba ganar a Inglaterra para recuperar el control del grupo y la respuesta llegó tanto en el césped como en el seguimiento desde casa.
#Audiencias📈| El partido clasificatorio para el Mundial femenino España-Inglaterra LIDERA con un 16,1% de cuota y 1.485.000 espectadores de media en @La1_tve.
— RTVE Comunicación y Participación (@RTVE_Com) June 6, 2026
Más de 4.2 millones de espectadores únicos vieron el encuentro.#ImparablesRTVEpic.twitter.com/I75zDtJWSd
Una goleada con lectura deportiva y mediática
La victoria tuvo un guion contundente: Patri Guijarro abrió el marcador, Alexia Putellas firmó un doblete y Claudia Pina cerró el resultado. Ese 4-0 no solo corrigió la derrota sufrida en Wembley, sino que devolvió a España una posición de mando antes del cierre de la fase clasificatoria.
La cifra de audiencia ayuda a medir el tamaño del momento. No se trataba de una final ni de una fase eliminatoria, sino de un partido de clasificación mundialista en una ventana de selecciones. Que más de 4,2 millones de personas lo siguieran por televisión habla de un hábito creciente alrededor de la selección y de una afición que ya identifica estos cruces como citas de primer nivel.

La selección como motor de seguimiento
El crecimiento del fútbol femenino español también se mide en este tipo de datos. Las audiencias no sustituyen el análisis deportivo, pero sí ayudan a entender cómo se consolida el interés social: más exposición, más reconocimiento de protagonistas y más capacidad para sostener conversación más allá del resultado.
Para la RFEF, para las cadenas y para el propio ecosistema, una noche así refuerza una idea clara: cuando la selección compite en escenarios de alta exigencia, el público responde. El reto está en convertir esos picos de atención en continuidad, con calendarios visibles, horarios accesibles y relatos que mantengan a las futbolistas en el centro.






