El brillo de la Champions conquistada en mayo convive hoy con un runrún incómodo en el norte de Londres.
Mientras el equipo se descuelga en la WSL —cuatro victorias en nueve jornadas y ocho puntos de desventaja respecto al City— un informe de The Athletic reabre una herida conocida en el club: un vestuario “dividido desde hace muchos años”, donde un pequeño núcleo de jugadoras ejercería “una influencia significativa” y condicionaría el día a día.
La sensación de mezcla explosiva es evidente.
A las lesiones de referentes como Leah Williamson y al reciente LCA de la joven Katie Reid, se suma un ambiente interno descrito por fuentes anónimas como “difícil para sentirse cómodo” e incluso “competitivo y a la vez irrespetuoso”.
Un malestar que no se habría disuelto tras la etapa de Jonas Eidevall y que, según el mismo reportaje, persiste bajo la dirección de Renée Slegers, cuestionada por la falta de una estrategia cohesionada.
En paralelo, la estructura deportiva femenina del club intenta modernizarse: un equipo de cinco profesionales a tiempo completo y un departamento de “inteligencia futbolística” destinado a replicar los avances del reclutamiento masculino. Sin embargo, la figura de Claire Wheatley, directora de fútbol femenino, recibe valoraciones dispares: eficiente en fichajes, pero difícil de contactar.
La paradoja es que, fuera del césped, el Arsenal vive su momento más fuerte. Ningún club de la WSL generó más ingresos en 2023-24, y el Emirates se ha convertido en un imán: más de 57.000 personas acudieron al reciente duelo ante el Chelsea. La pregunta es si ese impulso comercial podrá sostenerse mientras el vestuario sigue buscando paz.
Fuente
- She Kicks, “Arsenal dressing room ‘splintered’ by tension between some players”,












