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Informe FIFPRO | Entre el exceso y el vacío: la “doble carga” que precariza el fútbol femenino profesional

Precarius workload in global professional women's football
Fuente: FIFPRO

El informe «Precarius workload in global professional women’s football» sobre el monitoreo de carga de trabajo de FIFPRO para la temporada 2024/25 dibuja una paradoja incómoda: el fútbol femenino se profesionaliza a gran velocidad… pero lo hace de forma desigual. El resultado es un ecosistema de dos pisos: una minoría de jugadoras con calendarios casi inhumanos y una mayoría con demasiados pocos partidos “de verdad” como para desarrollarse, competir y sostener una carrera larga.

La élite juega demasiado (y recupera poco)

En la muestra global de 300 jugadoras que utiliza la plataforma de seguimiento (PWM), por primera vez desde 2020/21 las 15 futbolistas con mayor carga superaron las 50 apariciones en una temporada. El techo lo marca Aitana Bonmatí con 60 partidos.

Pero la cifra bruta se vuelve más preocupante cuando miramos la recuperación: en la élite, es habitual que más del 60% de los partidos lleguen con menos de 5 días de descanso (“back-to-back”). En 2024/25, todas las jugadoras del “top-15” superaron los 30 partidos en esa situación.

Los casos concretos ayudan a entender el impacto real. Bonmatí cierra el curso con 4.851 minutos y un 57% de partidos “back-to-back”, además de 23 viajes transfronterizos y 43.531 km recorridos; y vuelve a la pretemporada con apenas 20 días entre la final de la EURO y su regreso al club. En el caso de Linda Caicedo, con solo 20 años, la temporada incluye 55 apariciones, 4.577 minutos, un 62% “back-to-back” y 94.759 km de viajes; tras la final de la Copa América dispone de solo 12 días de descanso antes de reincorporarse al Real Madrid.

Viajar también cansa: la carga invisible

El informe subraya algo que en el fútbol femenino se normalizó demasiado: viajar peor. A los efectos fisiológicos del jet-lag se suma un estándar de desplazamientos muchas veces precario (rutas largas, escalas múltiples, clase turista). En el ranking de distancia, Kyra Cooney-Cross llega a 168.749 km (y 218 horas) con 24 viajes transfronterizos; y varias australianas que juegan en Inglaterra aparecen concentradas en el “top-10”, por la combinación de club europeo y selección oceánica.

En los clubes, la desigualdad también está dentro de la plantilla

La carga no se reparte de forma homogénea ni siquiera en los mejores equipos. En el análisis comparado de clubes, FIFPRO muestra que algunas plantillas tienen una dispersión enorme de minutos: conviven titulares por encima de 3.000 minutos con compañeras por debajo de 500, algo que afecta a desarrollo, rendimiento y riesgo de lesión.

Esa brecha interna se agrava cuando el éxito deportivo añade partidos, pero la rotación no acompaña. El informe contrasta casos como Melbourne City (uso de solo 21 jugadoras en 31 partidos) frente a equipos con rotaciones más amplias, donde el problema pasa a ser la falta de minutos “significativos” para una parte grande de la plantilla.

El gran elefante: el infracarga (underload) de la mayoría

Si el exceso daña por arriba, la infracarga erosiona por abajo. FIFPRO advierte que en muchas ligas los calendarios siguen siendo pequeños: incluso en Alemania y Francia una jugadora “promedio” en muchas plantillas juega solo 13-14 partidos en toda la temporada (todas las competiciones), aproximadamente 1,5 partidos al mes.

El capítulo específico de underload, centrado en Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y España, cuantifica la desigualdad dentro de una misma liga: un promedio de Arsenal (con UWCL) acumula el equivalente a 13 partidos completos más que Crystal Palace (75% de diferencia). En Alemania, una jugadora promedio del Carl Zeiss Jena se queda por debajo de 13 partidos completos en el curso.

La foto agregada es contundente: en los clubes evaluados, las jugadoras de equipos UWCL juegan en promedio 71% más minutos que las de equipos que ni siquiera llegan a la fase previa, y su carga internacional con selecciones es casi 300% mayor (618 minutos vs 155).

Torneos continentales: Europa acelera, otras regiones se quedan atrás

UEFA EURO 2025: crecimiento con mecanismos de reparto

La EURO 2025 (Suiza) reúne 16 selecciones y 31 partidos, y consolida una expansión económica notable: el prize money pasa de €16M (2022) a €41M (2025), un salto del 156%, apoyado en derechos audiovisuales cercanos a €91M. Además, incorpora un mínimo del 30% del fondo destinado a participación de jugadoras y refuerza la compensación a clubes.
En gradas, la media sube a 21.203 asistentes por partido (desde 18.544 en 2022).

También cambia el mercado de trabajo: en la EURO, el porcentaje de jugadoras en clubes fuera de su país pasa del 34% (2017) al 61% (2025). Es movilidad… pero también dependencia de unas pocas ligas “atractoras”.

WAFCON 2024: más dinero, pero problemas de gobernanza

En África hay avances, especialmente en incentivos: el prize money total sube a $3,475M (desde $2,4M en 2022 y $975k en 2018). La campeona recibe $1M y la subcampeona $500k.
Pero persisten alertas: se citan retrasos en pagos (caso Ghana y un premio de $350k pendiente) y críticas por condiciones y promoción; además, se plantea una expansión a 16 equipos en 2026, con fechas 17 marzo–3 abril fuera de ventana FIFA, forzando a muchas jugadoras a elegir entre club y selección.

Copa América 2025: opacidad y brecha extrema

El contraste con CONMEBOL es duro. El informe señala que el premio a la campeona femenina se sitúa en torno a $1,5M, frente a $16M del torneo masculino, y que la cifra femenina ni siquiera fue confirmada oficialmente, lo que añade un problema de transparencia.
En asistencia, el diagnóstico es casi de “evento invisible”: sin datos oficiales, se reportan entradas muy bajas (apertura del anfitrión con ~6.000 personas en un estadio de 12.000, y otros partidos con público de dos dígitos). Incluso la venta general de entradas habría empezado solo 8 días antes del debut.
Sumemos infraestructura criticada (pocas sedes, desgaste de campos, limitaciones para calentar) y un incentivo competitivo débil: todas las selecciones participan sin fase previa, reduciendo minutos competitivos fuera del torneo final.

OFC Nations Cup 2025: pasos pequeños, pero necesarios

En Oceanía, la foto es modesta: en las tres últimas ediciones, la asistencia media por partido queda por debajo de 700, y el récord en una final reciente es 1.561 (2022). Aun así, hay progreso en formato: de 6 partidos (2014) se pasa a 18 (2025), ampliando minutos para selecciones con pocas oportunidades.

Qué hacer: políticas y gobernanza para salir del “doble abismo”

La lectura económica es clara: la desigualdad de calendario produce desigualdad de carreras. Por arriba, el riesgo es de salud y rendimiento; por abajo, el riesgo es de estancamiento, lesiones por falta de exposición gradual y salida prematura del deporte. Y en el medio, se concentra talento en pocas ligas, debilitando ecosistemas nacionales.

Una hoja de ruta mínima (y realista) sería:

  • Estándares globales de descanso y recuperación (no solo “recomendaciones”): límites a secuencias con <5 días, y ventanas obligatorias post-torneo.
  • Aumentar “partidos significativos” en ligas con infracarga: ampliar tamaños de liga, copas con garantías de minutos y nuevas plazas internacionales (como la Europa Cup desde 2025/26).
  • Condicionar subvenciones públicas y licencias a mínimos de infraestructura y viaje (tiempos, escalas, soporte médico).
  • Transparencia obligatoria en premios, asistencia y pagos (lo que no se mide ni se publica, no se gobierna).

La pregunta de política pública es directa: ¿vamos a seguir financiando el crecimiento del fútbol femenino como “proyecto escaparate” (solo élite), o vamos a diseñar un sistema que garantice un suelo de oportunidades —partidos, salarios, salud y datos— para que la profesionalización sea de verdad?

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