La candidatura del Mundial Femenino 2031 entra en una discusión clave antes incluso de ser adjudicada: el reparto de costes entre FIFA y ciudades anfitrionas. Veintiuna ciudades de Estados Unidos, entre ellas siete sedes del Mundial masculino de 2026, han pedido a US Soccer una renegociación significativa de las cláusulas que regulan gastos, ingresos y responsabilidades con el organismo que preside Gianni Infantino.
El movimiento afecta directamente al proyecto conjunto de Estados Unidos, Costa Rica, México y Jamaica para 2031, única candidatura presentada para organizar la Copa del Mundo femenina. La carta, adelantada por The Athletic y confirmada por El País, reclama un marco más equilibrado después de que las ciudades hayan asumido costes operativos relevantes en seguridad, transporte, Fan Festivals y adaptación de sedes durante el ciclo del Mundial 2026.
Una negociación con lectura económica
El punto central no es deportivo, sino estructural. FIFA conserva las principales fuentes de ingresos del torneo, como derechos de retransmisión, patrocinios, entradas y aparcamientos, mientras las ciudades cargan con una parte importante de la operación local. El País detalla que el presupuesto de FIFA para el Mundial 2026 fue de 3.200 millones de euros y que el organismo proyecta ingresos cercanos a 8.000 millones.
Para 2031, las sedes quieren evitar que la organización del Mundial femenino se apoye en un modelo que pueda tensionar las arcas públicas. La petición incluye revisar quién paga cada servicio, qué ingresos vuelven al territorio y si FIFA debe participar en costes como los Fan Festivals. Houston, Los Ángeles, Seattle, Boston, San Francisco, Miami y Nueva York-Nueva Jersey figuran entre las ciudades de 2026 que respaldaron la reclamación.
El Mundial femenino como punto de inflexión
La candidatura de 2031 calcula que el torneo femenino puede generar para FIFA unos 3.450 millones de euros, muy por encima de los 490 millones del Mundial 2023. Esa diferencia convierte la discusión en algo más amplio que una negociación local: define qué modelo económico tendrá una Copa del Mundo femenina llamada a crecer en escala, ingresos y exigencia operativa.
La respuesta de FIFA, según El País, pasa por afirmar que trabaja para atender necesidades locales y buscar un modelo sostenible. La cuestión es si esa disposición se transforma en cambios concretos antes de 2031. Para el fútbol femenino, el debate importa porque el crecimiento de los grandes torneos no puede medirse solo en ingresos globales: también debe sostener sedes, servicios públicos y comunidades anfitrionas sin convertir el evento en una carga difícil de asumir.
Fuente: El País.



