Misa Rodríguez volvió a ponerse delante del micro sin escudos ni frases de manual en ‘El Partidazo» de COPE. En una charla larga —y con varios “ya te digo” que suenan a vestuario— la portera del Real Madrid fue dejando titulares sobre su futuro, su regreso a la selección, el episodio con Claudia Pina y hasta un sueño que tiene nombre propio: el Santiago Bernabéu.
Su renovación en el aire
Su renovación, de momento, sigue en ese punto exacto en el que el silencio también comunica. Con el contrato acabando en junio y competencia top bajo palos, Misa tiró de sonrisa y de firmeza: “Claro que sé qué voy a hacer o qué no voy a hacer”. Sin desvelar la ruta, sí dejó claro el momento personal: “muy feliz” en Madrid y también con España, y con la sensación de estar firmando su temporada más completa. No es una frase al aire: lleva 14 porterías a cero y 2 asistencias, números que hablan de una portera que no solo para, también empuja.
Ahí está el matiz táctico: sus asistencias no son casualidad, son un síntoma. En un Real Madrid que alterna ataques largos con transiciones, Misa está siendo una primera pasadora valiente: golpeo tenso para saltar líneas, lectura rápida tras robo y decisión para vivir unos metros más arriba cuando el equipo quiere morder. Ella misma lo resumió sin jerga: competir día a día (también con la llegada de Merle Frohms) le ha “ayudado a sacar” el rendimiento que necesitaba.
El resgreso a la Selección
El regreso a la selección llega con esa misma idea de insistir sin ruido. Tras año y medio fuera, reconoció que no lo esperaba, pero sí guardaba esperanza por cómo se estaba encontrando y por el cambio en el banquillo: “Tenía esa esperanza de volver…”. Su última aparición había sido en Juegos Olímpicos de París 2024, con 16 minutos ante Brasil por unas molestias de Cata Coll. Ahora vuelve para una ventana que abre el camino al Mundial 2027 (grupo con Islandia, Inglaterra y Ucrania) y con dos fechas ya marcadas: Islandia en Castalia y Ucrania en Turquía.
Sobre Vilda y Rubiales
Pero, si algo hizo Misa, fue ordenar el relato de lo que pasó en Mundial 2023, porque ahí se le colaron etiquetas que todavía escuecen. Desmintió el “ataque de ira” y puso palabras más reales: ansiedad y culpa tras el 4-0 ante Japón. También explicó un detalle muy humano —y muy revelador— del descanso de aquel partido: le comunican que será capitana, y ella siente que no le corresponde con futbolistas como Alexia, Jenni o Irene delante. Salió con el brazalete “porque tenía que ponérselo”, y después llegó la decisión de no volver a jugar. Misa no entra a dictar sentencia: no sabe si fue deportivo o personal, hubo conversación, y no guarda rencor.
En ese mismo hilo, también señaló una de las “mentiras” que, según ella, han circulado sobre su persona: “La primera mentira fue que Rubiales dijo que yo pegué portazos”. Y en el presente, dejó otra idea que explica por qué su vuelta no trae factura emocional: cuando está con el grupo, no exige jugar; acompaña, suma y compite desde donde toque.
El pique con Claudia Pina
Y sí, hubo capítulo Claudia Pina. Aquel encontronazo en el Clásico de Copa de la Reina (victoria azulgrana 0-4) dejó una imagen viral: Pina en el suelo y Misa pidiendo irónicamente el cambio “por si le pasaba algo”. La propia Pina dijo después que había recibido un golpe “en la cara y en el tobillo”. Misa, ahora, baja la espuma: lo define como “un lance”, cuenta que la vio “dando muchas vueltas”, bromea con que le preguntó si estaba bien “de la cabeza y el tobillo”, y remata con su versión: “Yo sé que no le di… si le hubiera pegado, le habría pedido perdón en ese momento”.
Una petición a Florentino Pérez
La charla terminó donde se terminan muchas cosas en el fútbol: soñando. Misa confesó que le ha pedido a Florentino Pérez jugar en el Bernabéu y que el presidente le responde riéndose: “ya vendrán las cosas”. Mientras, incluso suelta una preferencia con retranca competitiva: antes Di Stéfano que según qué escenarios de fuera. Y dejó un deseo que encaja con su personalidad: algún día quiere tirar un penalti —lo practica, dice—, como quien se guarda una travesura seria para el momento justo.
Al final, Misa se fue dejando una escena sencilla: guantes puestos, mirada tranquila y la convicción de quien ha aprendido a sostenerse por dentro. Y eso, para una portera, también es una parada.














