El fútbol femenino está entrando en una nueva escala económica. Crecen las audiencias, los ingresos, las inversiones, los derechos audiovisuales y el valor comercial de las competiciones. Sin embargo, el Global Employment Report 2026 de FIFPRO plantea una pregunta diferente: ¿ese crecimiento está mejorando al mismo ritmo las condiciones laborales de las futbolistas?
El informe dibuja una realidad mucho menos uniforme de la que sugieren los grandes récords. Hay más dinero en el ecosistema y han mejorado algunos indicadores respecto a 2017, pero continúan los contratos cortos, los meses sin salario, los retrasos en los pagos, las diferencias regionales, la falta de protección social y una preocupación creciente por la salud mental. La principal conclusión no es que el fútbol femenino no se esté profesionalizando, sino que esa profesionalización avanza a velocidades muy distintas dependiendo de dónde juegue cada futbolista.
Los datos que se analizan a continuación, han sido comentados en el podcast de Órdago a Chica:
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1. Una muestra de 791 futbolistas que también exige cautela
FIFPRO construye el estudio a partir de una encuesta realizada durante la temporada 2025/26 a 791 futbolistas de 40 países, entrevistas semiestructuradas con 34 jugadoras y un análisis documental sobre estructuras de liga, economía, convenios colectivos y mercados en 30 países. La distribución de las encuestadas no es homogénea: el 38% juega en Europa Central y Occidental y otro 26% en Europa Oriental, frente al 14% de África, el 15% de Asia/Oceanía y solo un 4% respectivamente de Norteamérica y Sudamérica.
Esto no invalida el estudio, pero sí condiciona su lectura. Las medias globales sirven para identificar tendencias, mientras que algunas comparaciones regionales deben interpretarse con más prudencia. Especialmente cuando una región tiene muy pocas entrevistas o un número mucho menor de respuestas que Europa.
2. Una industria que crece a gran velocidad
El punto de partida del informe es económico. FIFPRO estima que los ingresos globales del fútbol femenino alcanzaron aproximadamente 581 millones de dólares en 2024 y unos 678 millones en 2025 sin contar los grandes torneos. La organización sitúa el sector camino de superar la frontera de los 1.000 millones de dólares. Como ejemplo, cita una NWSL que generó unos 253 millones de dólares en 2025 y cuyo nuevo acuerdo audiovisual de cuatro años alcanza los 240 millones, cuarenta veces más que el anterior.
Ese crecimiento es precisamente lo que hace relevante el resto del estudio. FIFPRO no cuestiona que exista una expansión económica; cuestiona que sus beneficios se estén trasladando de forma suficientemente rápida y uniforme a quienes trabajan dentro del terreno de juego. El problema deja de ser únicamente cuánto crece el fútbol femenino para pasar a ser cómo se distribuye ese crecimiento.
3. El gran problema: crecimiento sin un suelo común
De las 30 ligas analizadas, solo ocho cuentan con algún tipo de convenio colectivo, 17 no lo tienen y en otras cinco FIFPRO no pudo determinarlo. La ausencia es especialmente significativa en las competiciones calificadas habitualmente como semiprofesionales: ninguna de las estudiadas dispone de convenio colectivo.
El resultado es una profesionalización fragmentada. Puede haber clubes completamente profesionales compartiendo competición con estructuras mucho menos desarrolladas, o futbolistas con contratos profesionales dentro de entornos que todavía no garantizan condiciones equivalentes. La satisfacción general de las jugadoras se queda en 3,1 sobre 5 y la satisfacción salarial baja hasta 2,8. Para FIFPRO, profesionalizar una competición no puede limitarse a cambiar su etiqueta: necesita un suelo laboral común.
4. Tener contrato no significa sentirse profesional
Una de las contradicciones más interesantes del estudio aparece en la propia percepción de las futbolistas. El 78% dispone de un contrato escrito y el 82% recibe algún tipo de pago de su club, pero solo el 62% se considera profesional. Otro 27% se define como semiprofesional y un 12% como amateur. Además, únicamente el 57% considera que lo que recibe del club es suficiente para cubrir los gastos relacionados con jugar al fútbol.
La diferencia importa porque la definición reglamentaria de FIFA es relativamente básica: una futbolista profesional es aquella que tiene contrato escrito y recibe por su actividad más dinero del que gasta para realizarla. Pero las respuestas de las jugadoras introducen una definición mucho más amplia: ser profesional significa poder vivir del fútbol, disponer de estructuras profesionales y tener derechos, seguridad y apoyo alrededor de la carrera. El contrato y el salario son la puerta de entrada al profesionalismo, pero no garantizan por sí solos una profesión sostenible.
5. El salario ha aumentado, pero la media oculta una enorme desigualdad
El capítulo salarial muestra uno de los avances más claros respecto al primer informe de 2017. El ingreso mensual medio procedente del club durante los meses en los que se cobra alcanza los 2.601 dólares —2.237 euros—, frente a los aproximadamente 600 dólares recogidos en la muestra de 2017. Pero el dato más revelador quizá no sea la media, sino la mediana: 1.669 dólares mensuales.
La distancia entre ambas cifras indica que una minoría con salarios elevados empuja hacia arriba el promedio. Las diferencias territoriales son todavía mayores. Norteamérica presenta una media de unos 6.450 dólares mensuales y una mediana de 3.831; Europa Central y Occidental, aproximadamente 3.983 y 2.326 respectivamente. En el otro extremo, África se sitúa en una media aproximada de 480 dólares y una mediana de apenas 198, mientras Europa Oriental registra 878 y 698. Por eso utilizar únicamente el salario medio global puede ofrecer una imagen mucho más favorable que la realidad de una futbolista situada en la mitad de la distribución.
6. Cobrar no significa cobrar durante todo el año ni hacerlo a tiempo
La precariedad no depende únicamente de cuánto se cobra. Solo el 66% de las futbolistas recibe salario durante los 12 meses del año, lo que obliga a una parte importante de las jugadoras a gestionar periodos sin ingresos procedentes de su club. El problema tiene consecuencias que van más allá del fútbol: alquiler, seguros, alimentación o gastos familiares continúan cuando termina la temporada.
Tampoco está garantizada la puntualidad. El 76% asegura haber recibido todos sus pagos a tiempo durante las dos últimas temporadas, una mejora frente al 63% registrado en 2017, pero eso significa que aproximadamente una de cada cuatro futbolistas ha sufrido algún retraso o impago. Las diferencias son enormes: el pago puntual alcanza el 96% en Norteamérica, el 91% en Sudamérica y el 89% en Europa Central y Occidental, pero cae al 52% en Europa Oriental y al 46% en África.
7. Los contratos mejoran, pero 1,6 años siguen ofreciendo poca seguridad
La duración media del contrato actual es de 1,6 años, frente a aproximadamente un año en el informe de 2017. El contrato más largo que han tenido las encuestadas alcanza una media de 2,2 años. Es una mejora, aunque sigue describiendo una carrera construida alrededor de horizontes contractuales muy cortos.
También existen problemas de conocimiento y formalización. Aunque el 78% tiene contrato escrito, solo un 56% identifica el suyo como contrato laboral individual y un 26% ni siquiera sabe qué tipo de contrato tiene. En Europa Oriental, apenas el 28% declara disponer de un contrato laboral individual, el 29% juega bajo contratos denominados amateurs y el 36% desconoce su modalidad contractual. Sudamérica presenta el porcentaje más alto de contratos laborales individuales —89%—, pero al mismo tiempo algunos de los contratos de menor duración.
8. La inseguridad económica continúa condicionando la carrera
Cuando FIFPRO pregunta por bienestar financiero y seguridad laboral en una escala de uno a cinco, ninguna de las grandes variables ofrece una sensación sólida de estabilidad. La comodidad financiera obtiene 3,1, la confianza para gestionar las finanzas durante los siguientes doce meses alcanza 3,5, la seguridad en el club actual se queda en 3,1 y la seguridad respecto a poder mantener una carrera en el fútbol femenino desciende hasta 2,8.
El resultado conecta directamente con los motivos para abandonar antes de tiempo. El 59% señala razones económicas, frente al 47% de 2017. Un 39% menciona la búsqueda de un mejor equilibrio entre vida personal y profesional. El informe también señala que el 31% de las futbolistas combina su carrera deportiva con otro empleo y el 39% con estudios. Una parte significativa de las jugadoras compite dentro de estructuras que les exigen comportarse como deportistas profesionales sin ofrecer necesariamente la estabilidad económica de una profesión a tiempo completo.
9. La protección social sigue siendo uno de los grandes agujeros
Otro dato que queda oculto cuando el análisis se limita al salario es la protección posterior. El 42% de las jugadoras no dispone de una pensión proporcionada dentro de su situación laboral, una carencia especialmente significativa en una profesión con una carrera deportiva corta.
FIFPRO plantea que la profesionalización también debe medirse por la capacidad de proteger a la trabajadora frente a enfermedad, lesión, desempleo, maternidad o jubilación. Es una lectura importante porque desplaza el debate desde el salario mensual hacia el concepto de carrera. Ganar más durante unos años no elimina la precariedad si una lesión, una rescisión contractual o el final de la etapa deportiva dejan a la futbolista sin una red de protección.
10. La maternidad demuestra que una regulación global sí puede cambiar carreras
El informe encuentra uno de sus indicadores más positivos en la maternidad. En 2021, FIFA introdujo una regulación mundial que garantiza, entre otras medidas, un mínimo de 14 semanas de baja remunerada, al menos dos tercios del salario durante ese periodo y el salario completo durante el embarazo hasta el inicio de la baja. Las normas se ampliaron en 2024 con medidas relacionadas con adopción, permiso familiar y la prohibición de exigir pruebas de embarazo.
El cambio más interesante no está solo en la norma: formar una familia ha dejado de aparecer entre las principales razones para abandonar prematuramente el fútbol. Para FIFPRO es una demostración de que la regulación puede modificar realmente las trayectorias profesionales. El informe, sin embargo, identifica tres carencias: proteger a las jugadoras cuyos contratos terminan durante el embarazo o la baja, incluir la reproducción asistida y garantizar que las normas internacionales se implementen correctamente a nivel nacional.
11. La salud mental aparece como una de las grandes alarmas del informe
El 57% de las encuestadas afirma haber tenido problemas de salud mental en algún momento, pero el dato más preocupante aparece al preguntar por el abandono de la carrera: el estrés psicológico es ya el segundo motivo más citado para plantearse dejar el fútbol, señalado por el 46% de las jugadoras. En 2017 representaba solo el 13%.
FIFPRO relaciona este contexto con la presión competitiva, la incertidumbre contractual y las nuevas formas de exposición pública. El informe presta especial atención al abuso en redes sociales, con una particularidad del fútbol femenino: muchas futbolistas necesitan precisamente esas plataformas para mejorar sus ingresos y su visibilidad comercial, pero no cuentan con agencias o equipos que filtren la exposición. La organización propone convertir el apoyo psicológico en un estándar médico básico.
12. El calendario empieza a generar otro tipo de desigualdad
La profesionalización también está creando un problema aparentemente contradictorio: mientras algunas futbolistas necesitan más partidos para poder desarrollar una verdadera carrera profesional, otras empiezan a enfrentarse a calendarios demasiado cargados. Globalmente, el 32% considera que no dispone de suficientes días de descanso durante la temporada, el 55% cree que sí y un 13% no está segura.
Las diferencias regionales muestran hasta qué punto no existe un único problema global. En Norteamérica, el 71% cree no disponer de suficiente descanso y solo el 21% considera adecuado el número de días libres. En África ocurre prácticamente lo contrario: el 65% cree descansar lo suficiente y únicamente el 15% responde que no. FIFPRO advierte de que ese resultado africano puede ser consecuencia de disponer de demasiados pocos partidos y oportunidades competitivas, no necesariamente de mejores calendarios.
13. Casi la mitad cree que su club no tiene suficiente personal
Las condiciones del lugar de trabajo son otro indicador que no aparece en las grandes cifras económicas. El 47% de las futbolistas considera que su club no emplea suficiente personal para cubrir adecuadamente sus necesidades, una cifra incluso ligeramente superior al 40% recogido entre internacionales en el estudio de FIFPRO de 2020.
Ese personal no es un complemento. Preparación física, fisioterapia, medicina, nutrición, psicología, análisis o recuperación forman parte de la infraestructura necesaria para rendir al máximo nivel. Exigir estándares deportivos profesionales sin proporcionar los recursos correspondientes genera una profesionalización desequilibrada: aumenta lo que se pide a la futbolista sin aumentar necesariamente aquello que la ayuda a realizar su trabajo.
14. La representación por agentes ha avanzado, aunque todavía no llega a la mayoría
El porcentaje de futbolistas representadas por un agente prácticamente se ha triplicado desde 2017: ha pasado del 14% al 41%. Es una señal de maduración del mercado, aunque significa que casi seis de cada diez jugadoras continúan sin representación.
FIFPRO encuentra además otra diferencia económica importante. Entre las futbolistas con agente, al menos el 57% tiene los honorarios pagados por su club, mientras que aproximadamente un 28% los abona personalmente. El informe estima que las comisiones equivalen de media a alrededor del 5% del salario, precisamente el máximo permitido por la regulación FIFA para muchos de los tramos salariales donde se encuentran las futbolistas.
15. Ocho convenios colectivos para 30 ligas muestran cuánto queda por construir
Para FIFPRO, muchas de las carencias anteriores tienen una raíz común: los derechos dependen demasiado del país, el club o la competición en la que juegue cada futbolista. Solo ocho de las 30 ligas analizadas disponen de convenio colectivo. La organización cita como ejemplos el convenio de Liga F en España, el nuevo marco colectivo establecido en Francia, los contratos estándar logrados en Rumanía y Chequia, el convenio de la NWSL o el acuerdo de la A-League Women australiana.
Los convenios pueden abordar simultáneamente salario mínimo, maternidad, salud mental, protección frente al acoso, educación, jubilación o seguridad contractual. Su importancia está precisamente en convertir las condiciones laborales en derechos colectivos y no en ventajas que un club concreto decide ofrecer voluntariamente.
16. La propuesta de FIFPRO: que proteger a las futbolistas sea un requisito para competir
El informe termina trasladando parte de la responsabilidad a federaciones, ligas y organismos reguladores. FIFPRO propone utilizar las licencias de clubes como herramienta para establecer mínimos verificables: contratos escritos, remuneración mínima, pagos puntuales, asistencia médica, apoyo psicológico, entornos seguros y un número suficiente de profesionales cualificados.
La organización reclama además estándares globales reforzados por FIFA, mecanismos reales para exigir su cumplimiento y más negociación colectiva. La idea no es imponer un mismo modelo económico a todas las ligas, algo que el propio informe reconoce como irreal, sino establecer un suelo que ninguna profesionalización pueda dejar atrás.
17. El fútbol femenino no tiene un problema de crecimiento, sino de distribución de ese crecimiento
El informe de FIFPRO deja una fotografía con dos movimientos simultáneos. El primero es positivo: hay más salarios, más contratos, más representación profesional, mejores derechos de maternidad y una industria económicamente mucho mayor que la estudiada en 2017. El segundo obliga a matizar ese progreso: una parte considerable de las futbolistas todavía no cobra durante todo el año, una de cada cuatro ha tenido problemas con los pagos, los contratos duran de media 1,6 años, el 42% carece de pensión y el estrés psicológico aparece ya entre las principales amenazas para continuar una carrera profesional.
La gran conclusión, por tanto, no es que el crecimiento económico esté fracasando. Es que crecimiento económico y profesionalización laboral no son sinónimos. El fútbol femenino está demostrando que puede generar cada vez más valor; el siguiente indicador de madurez será comprobar cuánto de ese valor se convierte en salarios sostenibles, estabilidad contractual, descanso, salud, protección social y capacidad para desarrollar una carrera completa.
Fuente: FIFPRO, 2026 Global Employment Report: Working Conditions in Women’s Football.





