La mañana en Zubieta dejó un amistoso con sabor a test y a tramo decisivo: Real Sociedad y Deportivo Alavés firmaron un 2-2 que suma minutos, ritmo y lecturas para lo que viene.
Con entrada libre y ambiente cercano, el partido se movió en ese punto típico de los amistosos bien jugados: intensidad por momentos, rotaciones, y muchísima atención a los detalles. La Real encontró sus dos golpes desde dentro, con Intza Egiguren y Claire Lavogez poniendo la firma txuri urdin en un duelo que pedía activar el juego por dentro y llegar con gente a zona de remate.

El Alavés respondió con personalidad y colmillo. Las babazorras no se quedaron en el plan de “venir y aguantar”: igualaron el marcador con los tantos de Elene E. y Carmen Sobrón, aprovechando esos tramos en los que el partido se abre, aparecen segundas jugadas y cada pérdida pesa más de la cuenta. En un 2-2 así, lo más valioso no es el resultado, sino el mapa: qué funciona, qué se cae cuando cambia el once y quién levanta la mano cuando toca competir.
El club vitoriano lo resumió con una frase sencilla y reveladora: “seguimos preparando el último tramo de temporada”. Y eso se vio: dos equipos con la mirada puesta en el calendario, y el balón como termómetro.

Al final, Zubieta se quedó con esa escena de despedida tan de marzo: botas manchadas, charla corta, y la sensación de que el fútbol —cuando aprieta— siempre deja deberes.











