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Joan Piñol, psicólogo: “La resiliencia no es aguantar, es adaptarse sin romperse”

Bienestar emocional y psicología deportiva

En su entrevista para Men’s Health, el psicólogo Joan Piñol lanza una idea que en el fútbol femenino suena casi como una enmienda a la cultura del sacrificio: la resiliencia no consiste en resistirlo todo, sino en adaptarse sin romperse. La frase importa porque desmonta un mandato muy viejo en el deporte: callar, seguir y sonreír aunque por dentro todo esté pidiendo una pausa.

Piñol resume esa mirada con una cita que merece quedarse en los vestuarios: “La resiliencia no es ‘aguantar’, es adaptarse sin romperse”. En los extractos públicos de la entrevista también insiste en que la fortaleza emocional pasa por escucharse, poner límites y actuar sobre lo que sí depende de una misma. Traducido al lenguaje del balón: no normalizar el desgaste como si fuera una medalla.

El coste invisible de competir

Esa reflexión encaja de lleno en la realidad del fútbol femenino profesional. FIFPRO informó en 2024 de que el 20% de las futbolistas profesionales estudiadas experimentó trastornos alimentarios en un periodo de 12 meses, y que el 55% de las 74 jugadoras analizadas en el subestudio declaró malestar psicológico deportivo en ese mismo periodo. Además, las jugadoras tenían casi el doble de probabilidades de reportar ese malestar tras una cirugía.

No son cifras menores, ni un problema aislado. La propia FIFPRO recuerda además que un estudio suyo halló que el 38% de los jugadores y jugadoras en activo ha experimentado síntomas de depresión, en un contexto donde muchas veces se percibe un apoyo insuficiente. Cuando se habla de salud mental en el fútbol, por tanto, no se está hablando de una moda ni de una debilidad privada: se está hablando de condiciones reales de trabajo, rendimiento y cuidado.

Cuerpo, presión y silencio

En el fútbol femenino, la conversación emocional no puede separarse del cuerpo. FIFA puso en marcha su proyecto sobre salud, bienestar y rendimiento femenino para corregir un vacío histórico: durante demasiado tiempo, el entrenamiento y la investigación deportiva se diseñaron pensando en cuerpos masculinos. Más de 20 especialistas colaboraron en ese programa, que busca educación, investigación y herramientas de seguimiento específicas para las futbolistas.

Los datos que acompasan ese cambio cultural son potentes: según FIFA, el 95% de las jugadoras experimenta síntomas del ciclo menstrual, una de cada tres ha ajustado el entrenamiento por ese motivo, el 66% siente que esos síntomas afectan a su rendimiento y el 90% no comunica estos problemas a sus entrenadores. El silencio, otra vez, aparece como parte del problema. Y ahí la lectura de Piñol vuelve a golpear con sentido: aguantar no siempre es fortaleza; muchas veces es falta de espacio seguro.

Del vestuario a la vida cotidiana

La presión tampoco termina cuando acaba el partido. FIFPRO ha identificado factores del llamado post-tournament blues que también ayudan a leer el día a día de muchas futbolistas: aislamiento repentino, bajón de rendimiento, cambio de rol entre selección y club, presión interna y externa para “parecer resiliente” y sensación de apoyo insuficiente. Ese mapa dibuja un entorno donde pedir ayuda no debería verse como excepción, sino como parte del entrenamiento.

Por eso la entrevista de Joan Piñol conecta tan bien con el momento del fútbol femenino. Porque no propone una resiliencia decorativa, de frase motivacional y dientes apretados. Propone una resiliencia más honesta: aceptar lo que no depende de una, intervenir sobre lo que sí, revisar hábitos, hablar a tiempo y dejar de confundir compromiso con autoabandono. En un deporte que ha tenido que pelear por visibilidad, derechos y estructuras, cuidar la mente también es una forma de disputar el juego.

La próxima revolución también es emocional

El fútbol femenino no necesita heroínas rotas que sigan corriendo a cualquier precio. Necesita clubes que incorporen apoyo psicológico estable, cuerpos técnicos formados, protocolos de seguimiento y vestuarios donde una jugadora pueda decir “no estoy bien” sin sentir que pierde sitio. Ahí está la verdadera modernización del deporte: en entender que el bienestar no compite con el rendimiento, lo sostiene.

Toca seguir esta conversación en clubes, federaciones, sindicatos y fútbol base. Toca apoyar recursos de atención psicológica, exigir estructuras de cuidado y escuchar a las futbolistas cuando nombran lo que les pesa. Porque cambiar el juego también consiste en esto: que ninguna tenga que romperse para demostrar que es fuerte.

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