La final de la Copa de la Reina 2026 ya tiene un lugar propio en la historia de la competición. El encuentro entre el FC Barcelona y el Atlético de Madrid, disputado en el Estadio de Gran Canaria, reunió a 26.093 espectadores, la cifra más alta registrada hasta ahora en una final del torneo.
El dato confirma el crecimiento sostenido de una competición que ha ido ganando espacio en el calendario, en la conversación pública y en la respuesta de la grada. Las Palmas respondió con una asistencia que supera el anterior registro y sitúa a la final de este año como una referencia para medir el impulso actual del fútbol practicado por mujeres en España.
Las Palmas supera el registro de Zaragoza
Hasta ahora, el récord pertenecía a La Romareda, que en 2024 reunió a 25.617 asistentes en la final entre el FC Barcelona y la Real Sociedad. Aquel partido terminó con triunfo azulgrana por 8-0 y dejó una marca que, dos años después, ha quedado superada en Gran Canaria.
El nuevo registro también desplaza al tercer puesto la final disputada en 2019 en el Nuevo Los Cármenes de Granada, donde 17.500 personas presenciaron el duelo entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad, con título para el conjunto donostiarra.
Un hito para la Copa de la Reina
Más allá de la cifra, el récord refleja un cambio de escala. La Copa de la Reina no solo crece por el nivel competitivo de sus finalistas, sino también por la capacidad de atraer público en grandes escenarios y consolidarse como una cita relevante dentro del fútbol español.
La respuesta de la grada en Las Palmas refuerza una idea cada vez más visible: cuando la competición se programa, se comunica y se ubica en contextos adecuados, el público responde. Y lo hace con números que ya forman parte de la memoria del torneo.
La Copa de la Reina consolida su crecimiento
El récord de 26.093 asistentes no es un punto aislado, sino un nuevo paso dentro de una evolución que viene de años anteriores. Zaragoza, Granada y ahora Las Palmas dibujan una línea de crecimiento que ayuda a dimensionar el lugar que ocupa la Copa de la Reina en el ecosistema del fútbol.
La final de 2026 deja, por tanto, una fotografía clara: la competición avanza, el interés aumenta y la grada vuelve a demostrar que el fútbol femenino tiene una base social capaz de sostener grandes citas cuando se le ofrece un escenario a la altura.












