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Plaga de lesiones de LCA en el fútbol femenino: cuando la rotura de ligamento cruzado deja de ser “mala suerte”

Collage de imágenes de jugadoras lesionadas de LCA: Silvia Lloris, Maite Oroz, Laia Aleixandri y Antonia Canales

En el fútbol femenino, la lesión de ligamento cruzado (LCA) ya no es una excepción: es un patrón. Y cuando el patrón se repite —en distintas ligas, semanas seguidas, y muchas veces sin contacto— la conversación cambia: esto va de salud, de rendimiento… y de justicia deportiva.

Últimas lesionadas de ligamento cruzado en Liga F (febrero 2026)

  • Silvia Lloris (Atlético de Madrid): rotura de ligamento cruzado anterior (rodilla derecha).
  • Laia Aleixandri (FC Barcelona): operada; baja estimada 10–12 meses.
  • Érika González (Levante UD): lesión de ligamento cruzado + menisco externo.
  • Antonia Canales (FC Badalona): confirmó rotura de LCA.

Otras lesionadas confirmadas en la actual temporada

  • Arsenal (WSL): Katie Reid (nov 2025), Manuela Zinsberger (oct 2025) y Michelle Agyemang (oct 2025), las tres con rotura de LCA.
  • Leicester (WSL): Celeste Boureille (dic 2025), LCA.
  • Liverpool (WSL): Marie Höbinger y Sophie Román Haug (oct 2025), ambas rotura de cruzado.
  • Aston Villa (WSL): Jill Baijings (oct 2025).
  • Tottenham (WSL): Maite Oroz (oct 2025) segunda rotura de LCA desde 2024, ahora en la pierna contraria.
  • Bayern (Bundesliga): Sarah Zadrazil (sep 2025), Lena Oberdorf (oct 2025) y Alara Şehitler (feb 2026, rotura parcial). Lena se volvió a romper de nuevo tras estar 417 días de baja desde la 23-24 con la misma lesión.
  • Leipzig (Bundesliga): Giovanna Hoffmann (oct. 2025) misma lesión.
  • Inter (Serie A): Annamaria Serturini (sep 2025), rotura de LCA.
  • PSG (Francia): Jade Le Guilly (sep 2025), rotura del cruzado.
  • OL (Francia): Liana Joseph (oct 2025), rotura de LCA.

Nota: lista no exhaustiva y centrada en clubes europeos de primer nivel; el recuento refleja lo oficialmente comunicado en las últimas semanas.


La cifra que asusta: 541 roturas en 3 años (y subiendo)

Una recopilación pública de lesiones en el fútbol femenino contabiliza, como mínimo:

  • En 2022: 167 jugadoras con ACL
  • En 2023: 177
  • En 2024: 197

En total, 541 lesiones de LCA registradas en 3 años. Y lo más inquietante: desde septiembre de 2024 se añadieron 66 casos más a la lista. Además, 195 de esas jugadoras tenían experiencia con selección absoluta. Traducido: esto no “solo” afecta a clubes; condiciona torneos internacionales y ciclos olímpicos.

El crecimiento también cuenta una historia: de 167 a 197 en dos años es un aumento del 18%. Cuando una lesión tan grave sube de forma sostenida, deja de ser azar y pasa a ser sistema.

“Comprender las causas profundas de estas lesiones significa respetar la fisiología de las futbolistas y garantizarles un futuro más seguro.”

Por qué hablamos de “plaga” (y no de una mala racha)

Una rotura de ligamento cruzado tiene dos efectos que la convierten en un multiplicador de problemas:

  1. Efecto dominó en plantillas: una sola lesión cambia rotaciones, minutos, carga de entrenamiento y presión competitiva.
  2. Efecto invisibilizado en el calendario: cuanto más corta es la plantilla (o más desigual es el presupuesto), más se “reparte” el riesgo entre menos cuerpos.

Y aquí aparece un punto clave: no basta con contar partidos. Hay que mirar exposición real, intensidad, superficies, recuperación, viajes, márgenes de plantilla y recursos médicos. Cuando eso falla, la plaga se acelera.

El caso de la WSL: menos liga, pero la alarma no baja

En Inglaterra, la WSL se juega con 12 equipos (ida y vuelta): 22 partidos de liga por club. En España, Liga F tiene 16 equipos: 30 jornadas. Aun así, el debate sobre ACL se vive con especial intensidad en la WSL: no por “sensación”, sino porque Inglaterra es de los pocos países donde existe una vigilancia epidemiológica grande, sostenida y publicada sobre lesiones en fútbol femenino profesional.

En el mayor estudio de lesiones en el fútbol femenino doméstico inglés (WSL + Championship, cinco temporadas), el mensaje es demoledor: las lesiones de LCA no son las más frecuentes, pero sí las que más tiempo “se comen” del deporte. En ese trabajo, el LCA representa 1,6% de las lesiones… pero concentra 13,3% de los días totales de baja. Es decir: poco volumen, muchísimo daño. Y en carga por exposición, también destaca: el LCA es la lesión más “burdensome” tanto en partido como en entrenamiento.

Esto abre un debate importante: si con menos jornadas de liga la conversación sobre ACL no baja, ¿estamos midiendo mejor (y por eso “vemos” más), o hay factores de competición/entorno que están empujando el riesgo? Probablemente ambas cosas.

La transparencia inglesa pone el listón: si hay datos, hay diagnóstico; si hay diagnóstico, hay responsabilidad.


Todos estos datos se han comentando en el podcast semanal de Órdago a Chica.


El problema real: no tenemos un “marcador” común entre ligas

Aquí está la grieta de gobernanza: sin un estándar de registro comparable entre competiciones, el fútbol femenino discute a ciegas. Hay ligas que publican y ligas que no; clubes que comunican y clubes que silencian; países con vigilancia independiente y países donde todo queda en rumores.

Y si no sabemos cuántas lesiones de LCA ocurren por temporada, por equipo, por 1000 horas, en qué semanas del calendario y bajo qué condiciones, ¿cómo diseñamos políticas públicas deportivas?

Preguntas políticas que ya deberían estar encima de la mesa

No son preguntas médicas. Son preguntas de reglas, recursos y responsabilidad institucional:

  1. ¿Por qué no existe un registro de lesiones (anonimizado) obligatorio de liga?
    Sin datos comparables, no hay evaluación. La lesión se “lamenta”, pero no se gobierna.
  2. ¿Debería exigirse un estándar mínimo de prevención y fuerza como requisito de licencia?
    Igual que se exige infraestructura o criterios económicos, ¿por qué no se exige “seguridad física” básica?
  3. ¿Quién audita la carga real de las jugadoras (minutos, viajes, congestión)?
    No basta con mirar partidos de liga: está Champions, copas, selecciones, desplazamientos y picos de minutos.
  4. ¿Qué pasa con las plantillas cortas y la desigualdad de presupuestos?
    En un sistema desigual, las jugadoras “indispensables” acumulan más carga y menos descanso.
  5. ¿Qué estándares mínimos de personal médico/readaptación debería imponer la competición?
    En la práctica, no todas las futbolistas se recuperan con los mismos medios. Eso también es desigualdad.
  6. ¿Dónde queda la responsabilidad sobre superficies y condiciones de entrenamiento?
    Si un club entrena en campos peores que donde compite, el riesgo lo paga el cuerpo.
  7. ¿Por qué el material (botas/tacos) y la investigación aplicada no se tratan como seguridad laboral?
    Si el calzado, la tracción y el ajuste importan, esto debería estar en el marco regulatorio, no en el mercado.

Qué puede hacer una liga desde mañana (sin entrar en “recetas” médicas)

Sin repetir lo que ya abordamos en el artículo complementario de “lo que dice la ciencia”, aquí va lo que sí es 100% política deportiva y se puede activar ya:

  • Registro centralizado y público (anonimizado) de lesiones y días de baja.
  • Auditoría anual de prevención y recursos por club (mínimos de personal, gimnasio, readaptación).
  • Normas de calendario con descansos protegidos y límites a la congestión cuando haya competiciones europeas.
  • Incentivos/obligaciones para ampliar profundidad de plantilla (especialmente en clubes con doble/triple competición).
  • Estándares de superficies y condiciones de entrenamiento homologables.
  • Marco de investigación aplicada con financiación estable (no proyectos sueltos), y transferencia a cantera.

Porque la pregunta no es si el LCA “pasa”. Pasa. La pregunta es si el sistema aprende o solo acumula.

El fútbol femenino no puede crecer lesionándose

La lesión de ligamento cruzado se está convirtiendo en un termómetro de algo más grande: cuánto cuidamos (o no) los cuerpos que sostienen el espectáculo. Y en un deporte que presume de profesionalizarse, la seguridad no puede depender del azar, del presupuesto o de si el club “tiene suerte” esa temporada.

La próxima vez que hablemos de una rotura de ligamento cruzado, la pregunta no debería ser “qué mala suerte”, sino: ¿qué parte del sistema pudo evitarlo y no lo hizo?

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