Patri Guijarro quiere que el regreso de la selección española femenina a Mallorca no se quede en una visita puntual. La centrocampista mallorquina aprovechó la presencia del equipo de Sonia Bermúdez en la isla, nueve años después de la última cita, para pedir que Son Moix vuelva a formar parte del mapa habitual de la selección.
La futbolista del FC Barcelona lo expresó desde una emoción reconocible para cualquier jugadora que compite ante su gente. En la previa del partido ante Inglaterra, dentro del camino hacia el Mundial de 2027, Guijarro bromeó con la idea de reunir firmas para que la selección regrese a Mallorca. Detrás del tono ligero hay una reivindicación clara: el fútbol femenino también necesita presencia territorial, escenarios diversos y vínculos sostenidos con aficiones que rara vez reciben a la absoluta.
Mallorca como algo más que una sede
La visita a Son Moix tiene una carga especial porque conecta selección, territorio y memoria local. Guijarro, Cata Coll y Lucía Corrales representan una generación mallorquina con peso en la élite, y jugar en casa convierte el partido en algo más amplio que una fecha del calendario: es una forma de reconocimiento para una isla que también forma parte del crecimiento del fútbol femenino español.
El contexto competitivo añade importancia al escenario. España recibe a Inglaterra en una cita de máxima exigencia después de la derrota en Wembley, con la clasificación mundialista y la respuesta deportiva en el centro. Pero la noticia que deja Patri apunta a otra capa del mismo proceso: ganar también significa acercar el equipo a más territorios, crear hábito de seguimiento y demostrar que la selección puede movilizar ilusión fuera de sus sedes más habituales.
Guijarro agradeció el recibimiento en Son Bibiloni y señaló la expectación que espera en Son Moix. Su mensaje encaja con una lectura de comunidad: cuando una internacional vuelve a su tierra con la selección, el partido no solo convoca a quienes ya siguen el fútbol femenino, también abre una puerta para nuevas aficionadas, niñas de clubes locales y familias que pueden ver de cerca un referente nacido en el mismo entorno.
Por eso la petición de Patri tiene valor editorial más allá de la anécdota. Si Mallorca responde y la selección encuentra allí un marco fuerte, el regreso no debería entenderse como excepción, sino como una señal de que el calendario también puede ayudar a descentralizar el crecimiento del fútbol femenino español.
Fuente: Mundo Deportivo.





